CONFINADO CON UN ADOLESCENTE


“Como encontrar algo de paz en la trinchera ”.

Si en estos momentos os encontráis confinado con un adolescente y éste además es vuestro hijo o hija, no dejéis de leer porque, seguramente, desde hace varios días, por no decir incluso antes del estado de alarma, no ha dejado de: estar pegado a una pantalla, agotar constantemente vuestra paciencia, sacar lo peor de vosotros, cuestionar todas y cada una de vuestras decisiones y desafiaros buscando la confrontación directa y emitiendo quejas, monosílabos y gritos.

Seguramente, habréis valorado en varias ocasiones pagar los 600 € de multa con tal de que se vaya de casa un rato y se aireé, porque incluso ya huele hasta mal desde hace unos días. No lo hagáis. ¡Resistiréis!

A continuación, arrojaremos un poco de luz en la oscuridad en la que estáis inmersos.

A modo de introducción, explicaremos de manera muy resumida qué es la adolescencia y en qué consiste, para que os podáis situaros un poco, si no para recordarlo. La adolescencia es una etapa de transición vital, donde el o la adolescente busca su identidad. Para ello, deben enfrentarse a los 5 planos propios de la madurez que son: los cambios de tipo físicos-biológicos, psicológicos, afectivos-sexuales, sociales y trascendentales.

Esta etapa tan crucial, padres e hijos deben estar muy unidos, cosa que ayuda la situación actual, para afrontar juntos, desde el cariño y el acompañamiento, las distintas dificultades que encontrarán a su paso. Estas pueden ser razonar poco, tener los sentimientos y las emociones a flor de piel, pensar que son eternos y que están exentos de la responsabilidad que conlleva cualquiera de sus actos al practicar una libertad que acaban de descubrir.

Una vez hecha la aclaración sobre el “enemigo”, aunque realmente los enemigos somos nosotros, según ellos, vamos a daros una serie de pautas para paliar los distintos conflictos que se generan en estos días.

En primer lugar, si nos tenemos que desgastar y luchar con ellos en algo, es en hacerles ver que tener un horario y una rutina es fundamental. Esto evitará que se vengan abajo, que esa tristeza se transforme en ira y finalmente la manifiesten con agresividad y de manera desproporcionada ante una contrariedad o confrontación que se dé en cualquier momento de la convivencia.

Para esa rutina puede ser interesante hacer una listas de tareas del hogar entre las personas que se encuentren en casa y que haya un reparto equitativo. Es una oportunidad para enseñar un montón de cosas como el trabajo en equipo, el darse a los demás y valorar el trabajo en el hogar haciéndoles conscientes del esfuerzo y el cariño que se pone a la hora de realizar este tipo de tareas (hacer las camas, ordenar las habitaciones, poner la mesa, hacer de comer, fregar los platos aun teniendo lavavajillas, limpiar el baño, reponer el papel higiénico -tan importante hoy día-, poner una lavadora, tender, recoger la ropa, doblarla…), y todo ello con una sonrisa.

Una vez hecho el reparto de tareas, es imprescindible que cuiden el aseo personal así como la presencia, fuera pijamas y chándal. Si no se acicalan y se arreglan, se abandonan y terminan acostumbrándose hasta el punto de convertirse en auténticos orcos. Decidle que esto no durará siempre y que volverán a salir a las calles, pero que elijan entre volver siendo orcos con cara de un frigorífico por detrás, o siendo los que eran antes de que todo esto llegara.

Para terminar el apartado de la rutina u horario, no podemos olvidarnos del tele-colegio. Si algo queda claro en la comunidad educativa es que esto ha servido para revolucionar tecnológicamente el proceso enseñanza-aprendizaje. Todos tenemos que tener paciencia y comprensión y verlo como una oportunidad para aprender a desenvolvernos en el nuevo paradigma virtual.

En segundo lugar, no debemos pasar por alto que para ellos esto también les supone una ruptura con la realidad y mostrarán todo tipo de fases: enfado, tristeza, indiferencia, aceptación, entre otras. No obstante, es bueno preguntarles de vez en cuando cómo están y animarles. Es bueno que vean las noticias con vosotros y que habléis sobre lo que está ocurriendo, no solo aquí, sino en el resto del mundo. La dureza de la muerte y de tantas familias que se ven en una situación precaria al verse sin ingresos; el trabajo heroico de sanitarios, fuerzas del estado, transportistas y comercios de alimentación, y algunos más; la capacidad de mucha gente para sobreponerse siendo más solidarias, sin dejar a un lado la alegría y el buen humor. Hablad, opinad sin juzgar y tratar todos estos temas desde una perspectiva positiva, optimista y de superación. Quizás muchos estéis ahora mismo pasando por muchas de estas circunstancias. Ahora más que nunca, vosotros los padres, sois sus referentes más cercanos.

En tercer lugar y último, hablaremos sobre la cuestión de las relaciones sociales o mejor dicho, redes sociales. Los adolescentes son expertos y donde antes había un peligro o riesgo, que lo sigue habiendo, ahora hay una oportunidad para que se dé un acercamiento en estas cuestiones entre padres e hijos. Seguramente, sean ellos los que tendrán que actualizarnos a muchos de nosotros, para poder aprender a desenvolvernos en este nuevo mundo virtual y tan vital actualmente. Sin embargo, no hay que olvidar que esos riesgos y peligros, como he dicho antes, siguen existiendo y hay muchas posibilidades de que se acentúen aún más si no los controlamos. Es esencial que todos tengamos un horario de uso y debemos empezar los padres. Debe haber un tiempo para que podamos comunicarnos con los que están lejos, tanto ellos como nosotros, pero ese tiempo ha de estar limitado y consensuado.

Todas estas cuestiones de las que hemos hablado harán de hoja de ruta y poco a poco reinará la paz en cierta medida. La tranquilidad y la armonía no serán inmediatas, bajemos nuestras expectativas porque el cariño y la comprensión de un padre y una madre hacia los hijos no tiene límites. Querámosles cuando menos lo merezcan porque será cuando más lo necesiten.

Daniel Danta Carmona

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#YOLOLLEVOBIENENCASA

“Gestiona y haz más llevadero el confinamiento en tu casa”.

Me he animado a escribir hoy este artículo porque entre otras cosas llevo ya tiempo sin hacerlo y ahora que estoy en casa con mi familia, veo que puede ser de bastante ayuda hablar sobre cómo hacer más llevadero incluso más fácil, el convivir todos estos días de confinamiento con nuestros seres queridos, reduciendo al máximo las discusiones y el malestar que puedan surgir de los posibles roces a lo largo del día.

Cualquiera puede enfadarse, eso es algo muy sencillo. Pero enfadarse con la persona adecuada, en el grado exacto, en el momento oportuno, con el propósito justo y del modo correcto, eso ciertamente, no resulta sencillo”.

Aristóteles. Ética a Nicómaco.

Tras estas palabras de Aristóteles puede ser interesante, en estos momentos de intensa convivencia, que pensemos en el momento o en el instante justo antes de enfadarnos y analicemos las distintas cuestiones, que nos hacen llegar a estas situaciones. Las cuales, la inmensa mayoría de las veces o casi siempre, resultan incómodas, no solo para nosotros cuando nos enfadamos, sino también para las personas con las que nos enfadamos, y suele coincidir, normalmente, con aquellos que más queremos o que más nos quieren.

En primer lugar, tenemos que preguntarnos por qué nos enfadamos y si nos paramos a reflexionar, porque tiempo tenemos ahora, nos daremos cuenta que suele ser por una necesidad no cubierta o lo que es lo mismo, una expectativa incumplida.

Cuando esto ocurre, emerge en nosotros: miedo, por la incertidumbre que nos crea una situación no esperada; ira, al no entender por qué nos tiene que ocurrir; y por último, tristeza o frustración, causada por el hecho de no haber conseguido aquello que deseábamos. Todo ello, respecto a nosotros mismos o respecto a la otra persona.

La forma de gestionarlo es sencilla de explicar pero difícil de hacer. Y en esto último, marcamos la diferencia, en el hacer, en vez de en el resignarse. Motivos para quejarse por llevar tantos días en casa hay de todos los colores. Empecemos a ver esto como una oportunidad para redescubrir nuestra bondad interior, saber disculpar y afianzar nuestro cariño y nuestra comprensión hacia los demás. Hemos de deshacernos de nuestra comodidad, de nuestro bienestar y encontremos el de los que nos rodean.

No esperemos de los demás lo que no hagamos nosotros primero. Hay que empezar por quitarse el pijama, pero no para ponerse el chándal, uno se puede poner cómodo y estar medianamente decente. El aseo es importante sino nos podemos convertir en orcos. Sonreíd en casa y sino veros algún vídeo de Gila, Paco Gandía o el Chiquito, entre otros. Anticipémonos en las labores del hogar sin que nos digan nada. Escribamos mensajes no solo a los que están fuera de nuestra casa sino también a los que viven con nosotros, o mejor digámoselos cuando nos crucemos con ellos por el pasillo. Tengamos un horario o una rutina juntos, en familia y busquemos tiempo para hacer muchas cosas juntos como darnos los buenos días, cocinar, poner la mesa y comer juntos, jugar a algún juego, ver series o pelis, rezar, leer…

Los que tengamos la suerte de tele trabajar, frente a los que no trabajan o se han quedado sin poder hacerlo, no nos refugiemos en él, evadiéndonos y quitándonos del medio utilizándolo como excusa para intentar aferrarnos de algún modo, a la realidad previa al confinamiento. Se nos presenta una nueva realidad para valorar aquello a lo que estábamos acostumbrados a tener.

Además, para los que tenemos hijos, se da una gran oportunidad para aprender a conciliar el trabajo con la vida en familia. Aunque puede llegar a ser demencial, con paciencia y priorizando lo importante frente al deber, todo termina saliendo. Porque sino estamos bien en lo personal, difícilmente, podamos cumplir bien con nuestro trabajo.

Haciéndole un guiño a Aristóteles…“cualquiera puede querer, eso es algo muy sencillo. Pero querer a la persona adecuada, en el grado exacto, en el momento oportuno, con el propósito justo y del modo correcto, día a día, eso ciertamente, no resulta sencillo”.

Daniel Danta Carmona.

Natur family

Innova y haz que tu familia sea sostenible.

Hace tiempo un amigo me preguntó hacia dónde se dirige el concepto de familia en la sociedad de hoy. Actualmente, en el caso de España tenemos una población envejecida y en soledad, una natalidad muy baja y ambas acompañadas de facilidades para el aborto y la eutanasia. Cada vez se casan menos y se divorcian o separan más. Por tanto, la familia, si seguimos así, va hacia su propia extinción, y la sociedad hacia un individualismo aparentemente autosuficiente con los días contados.

Por otro lado, nos podemos preguntar qué entendemos por familia, ya que parece que cada vez, su significado está más difuminado en la sociedad. Según el prisma desde el que se mire, el concepto de familia va en función del número de individuos que la componen, del sexo de dichos individuos, de las relaciones que se dan entre ellos y un sin fin de posibilidades, por lo que su definición parece ser cada vez más compleja.

 No soy quién para juzgar los distintos grupos sociales a los que cada persona pertenece, libremente o porque le haya venido dado. Lo que sí puedo es describir una realidad, en la cual, son muchos niños que se ven inmersos de un día para otro quedando desubicados emocional y afectivamente. Los motivos son muchos, “a papá y a mamá se les acabó el amor”, “mamá o papá ha decidido tener una amiga o amigo”, “éste es tu nuevo papá o tu nueva mamá y ellos tus nuevos hermanos”, “este fin de semana me toca con mi padre y el que viene con mi madre”, “un día quise ser mamá sin necesidad de un papá”, mejor dos mamás o dos papás que te quieran”…

Pienso que la familia es un gran proyecto de realización personal a la que están llamadas la inmensa mayoría de las personas. Además, todos pertenecemos de alguna manera a una, ninguna es igual, porque ninguno somos igual y, por tanto, nuestras relaciones tampoco lo son. Es por eso por lo que no sería descabellado reflexionar acerca de cómo recuperar ciertos aspectos que todas tienen en común como son la unidad, el sacrificio, el respeto, el perdón, la exigencia junto con el ejemplo y la comprensión, todos ellos apoyados sobre el amor de familia, ya que es la mejor manera de crear el entorno más favorable en el que una persona pueda crecer de manera íntegra y feliz. La forma de crear dicho entorno es a través de la innovación y la sostenibilidad, dos conceptos muy de moda hoy y perfectamente aplicables a cualquier familia actual.

En la RAE la palabra innovar tiene dos acepciones, la primera es la de “mudar o alterar algo introduciendo novedades”, hecho que ya se ha estado llevando a cabo desde hace muchos años en la familia (a la tradicional, me refiero) y no es que la haya mejorado nada, quizás todo lo contrario. Sin embargo, la segunda acepción es “volver algo a su estado anterior”; igual deberíamos recapacitar en cómo recuperar nuevamente el concepto de familia entendido como el conjunto de relaciones interpersonales que tienen lugar a partir de la unión y entrega voluntaria, libre y complementaria de un hombre con una mujer para toda la vida y cuyo amor recíproco suele dar como fruto descendencia.

Igual, algunos pensaréis que es muy difícil volver al concepto de familia tradicional, la cual se encuentra hoy en peligro de extinción, es más, casi sorprende ver a gente que lleve 10, 15, 20 o más años casada. Yo siempre les digo que vayan a inscribirse al Parque Natural de Doñana. Pienso que es posible, que no es tan descabellado, entre otras cosas porque cada vez está más de moda lo orgánico, lo bio, lo natural, sin conservantes, ni colorantes, ni procesados…, pues igual con lo de formar una familia donde haya una mamá y un papá que se quieran y de esa unión natural, lleguen y crezcan de manera saludable niños felices.

El otro concepto que he comentado antes es la sostenibilidad. Que algo sea sostenible quiere decir que se mantiene en el tiempo a partir de los propios recursos que genera. Ese recurso en el plano familiar es el amor. El amor no se acaba, pero hay que cuidarlo diariamente con pequeños detalles, y ése es el mayor recurso del que disponemos para hacer frente a todos los aspectos necesarios presentes en el hogar de familia.

Formar una familia es una aventura que dura toda la vida, así como las relaciones que de ella dimanan: paternidad, maternidad, filiación y fraternidad estarán continuamente presentes. Porque cuando se es padre o madre, se es para siempre, y sin amor y unidad matrimonial, la familia fácilmente se resquebrajará.

 

Daniel Danta

¿Vives o sobrevives?

Si te sientes que no llegas, estás agobiado con mil historias y crees dejar a un lado lo importante, igual te ayuda.

En muchas ocasiones tengo la sensación de ir corriendo a todas partes como si estuviera en un concurso en el que tengo que pasar un sin fin de pruebas en tiempo récord. Suena el despertador en plan “preparados, listos… ¡ya!”. Te levantas de la cama con toda la pereza del mundo y empiezas a correr.

Si te sientes así, párate porque igual estás sobreviviendo. El sobrevivir no es malo, pero cansa, empieza a invadirte el desánimo, la desgana y cualquier contrariedad o cosa que te pidan… resoplas, o pones mala cara, o contestas mal. Vas tan acelerado con las cosas de la vida que acabas dejándote llevar por ellas mismas, como si estuvieras atrapado por la corriente de un río. Pasado un tiempo llegas a acostumbrarte, hasta lo aceptas, incluso lo haces un derecho o piensas que eres una especie de superhéroe capaz de llegar a todo.

No te engañes, realmente sustituyes constantemente lo importante por lo urgente. A base de apagar fuegos en modo bombero 24 horas, llegará el momento en el que el fuego se descontrole, estés agotado, te bloquees y termines asfixiado por tu propio humo o quemado por tu propias llamas. Para ello es necesario que te pares y que distingas entre lo urgente y lo importante.

Lo urgente es algo que si no lo haces en ese momento ya no lo puedes hacer luego o quizás sí. Lo importante puede esperar, a veces incluso debe esperar más aún si cabe, pero no lo debes olvidar y menos sustituir, porque son los troncos que te mantienen a flote, es lo que da sentido a tu vida, te hace ser quien eres.

Sin embargo, vivir requiere de orden, se necesita disciplina y un gran esfuerzo para no conformarte con estados temporales de falso bienestar. Debes luchar por sobreponerte a esa pereza que a todos nos entra a la hora de tener que hacer aquello que no nos viene en gana, que no nos apetece, que nos incomoda o simplemente nos interrumpe en el mejor momento. Ante estas situaciones recomiendo pensar que tienes la oportunidad de mejorar personal saliendo de tu zona de confort. Dicha oportunidad puede repercutir en ti o en los demás facilitándoles la vida un poco más y eso también es vivir.

Tomar la iniciativa y enfrentarte a nuevos retos, es la mejor manera de nadar a contracorriente, al menos demostrarás que vives, que luchas, que tienes ilusiones, proyectos y eres tu quien toma las riendas de tu vida y no las cosas que te rodean. No se trata de ir en busca del arca perdida, ni de dar la vuelta al mundo en ochenta días o de subir al Everest a pleno pulmón, es dar lo mejor de ti en cada momento. No por el qué dirán los demás, si no porque te hará ser quien eres, ten en cuenta que son nuestros actos quién nos definen.

Tanto vivir como sobrevivir, son las dos caras de la misma moneda, tu vida. Y ambas formas de ser son contagiosas a los demás. Es cuestión de saber cómo formar parte de los que te rodean. Si has decidido vivir tu vida sería interesante pensar sobre algunas cuestiones:

  • ¿Pongo límites e impedimentos por miedo a fallarme a mi mismo o para no decepcionar a los demás? No te auto sabotees, si alguien lo ha hecho, tu también puedes hacerlo, que el esfuerzo, la voluntad y la paciencia no sean un problema.
  • Ante un conflicto con otra persona, ¿tomo la iniciativa para ponerme en su lugar, en vez de buscar la forma de llevar la razón?
  • ¿Me comprometo hasta el final o mi compromiso dura lo que dura la emoción del momento?
  • ¿Pienso antes de terminar mi día, qué cosas he hecho bien, regular y muy mejorable?
  • ¿Apunto aquello que hice regular o muy mejorable e intento enmendarlo, pidiendo perdón e intentando no volver a repetirlo?
  • ¿Sonrío?, ya luego buscaré el motivo.
  • ¿Antepongo mi comodidad para facilitar la vida un poco más a los demás?

 

Daniel Danta

¿QUIERES SER UN POCO MÁS FELIZ?

«Porque la felicidad está en el mismo sitio en el que dejaste las llaves de casa, allí».

No conozco a nadie que no quiera ser feliz y para ello, debemos tener claro que hemos de querer a alguien y ser queridos por alguien, sino es imposible. Si eres cristiano es fácil si uno se sabe hijo de Dios, si no es algo más complicado, pero no imposible.

Saber querer y dejarse querer es indispensable para ser feliz. Sin embargo, llega a ser difícil y a veces imposible si el querer, lo entiendes como una forma de intercambiar sentimientos para satisfacer tus placeres y apetitos, y no como actos, de voluntad y entendimiento, libres. Esto es el amor.

Por tanto, ¿qué es querer? Me atrevería a decir que es la manera que el ser humano tiene de interactuar con sus iguales, y lo hace a través de su sexualidad (feminidad en caso de ser mujer y masculinidad en caso de ser hombre). La sexualidad entrelaza los distintos planos biológicos, psicológicos y trascendentales a la hora de exteriorizar y acoger los sentimientos acompañados o no, de razón y voluntad de la persona que ama y se dejar amar.

Esas interacciones con lo demás, es lo que llamamos relaciones. Víctor Küpper dice en alguno de sus vídeos que “no existen cosas importantes, si no relaciones importantes”, pero en mi humilde opinión en el siguiente orden: Dios, los demás y yo. No obstante, los hombres tendemos al desorden y es por eso por lo que partimos con la gran dificultad de querernos más a nosotros mismos antes que a los demás y por último a Dios.

Para evitar dicho desorden necesitamos una virtud, la “Pureza o Castidad” poco aceptada hoy y vista como algo anticuado y obsoleto, que no tiene cabida en esta sociedad en la que prioriza por encima de todo el culto al cuerpo. La pureza regula nuestra manera de amar a los demás, ya que solo así aprendemos a amarnos a nosotros mismos. Evita dejarnos llevar por nuestros apetitos y sentimientos más bajos, menos humanos, que alimentan el YO haciéndonos más egoístas, sintiéndonos más tristes y más solos.

“La castidad -no simple continencia, sino afirmación decidida de una voluntad enamorada- es una virtud que mantiene la juventud del amor en cualquier estado de vida. Existe una castidad de los que sienten que se despierta en ellos el desarrollo de la pubertad, una castidad de los que se preparan para casarse, una castidad de los que Dios llama al celibato, una castidad de los que han sido escogidos por Dios para vivir en el matrimonio”. (Amigos De Dios, San Josemaría).

Somos criaturas creadas por Dios, si Dios es amor (Papa Benedicto XVI) y Nuestro Padre por medio de Cristo, el hombre necesita del amor para ser feliz, es nuestra necesidad más grande y eso nos da esperanza. Al final de la vida no nos preguntarán cuánto hemos metido la pata sino cuánto hemos amado. Pavese (poeta italiano): “Si nadie me ha prometido nada, por qué mi corazón no sabe dejar de esperar”. Tener la dicha de amar a alguien antes que a nosotros mismos nos da esperanza, ilusión y motivación en esta vida. Lo que se hace por amor, compromete.

¿Y dónde aprendemos a amar y enseñamos a amar? En la familia, que es el único entorno social en el que una persona crece de manera íntegra y plena si el amor predomina entre las relaciones interpersonales de los miembros que la componen. En muchas ocasiones pensamos que con estar presente es suficiente, pero lo que hay que estar es pendiente además de presente. Comparto una frase que leí no sé dónde pero que me sirvió para profundizar en la esencia de lo que la familia nos aporta a cada uno de nosotros como personas y dice así: “llevo conmigo el ejemplo de mi padre, el amor de mi madre y la compañía de mis hermanos”.

A continuación, algunas ideas para encontrar las llaves:

  1. “Quiéreme cuando menos lo merezca porque será cuando más lo necesites”. Dr. Jekyll.
  2. Mira lo que dices, a quién lo dices, por qué lo dices y cómo lo dices. El que habla demasiado solo repite lo que sabe, pero si escuchas igual aprendes algo.
  3. Llevar razón o ser feliz. Ambas cosas a la vez son complicadas e intentarlo no me merece la pena porque se suele perder más de lo que se gana.
  4. Cuidar los pequeños detalles son esas cosas que pasan desapercibidas, salvo para los que están enamorados.
  5. Quien ama comprende, sabe perdonar. Seguramente hayas fallado alguna vez a la gente que te quiere incluso a ti mismo, no es descabellado entender que te decepcionen.

 

Daniel Danta

 

CARTA DE LOS REYES MAGOS A LAS FAMILIAS

Algunas propuestas de mejora para el próximo año a nivel familiar.

Queridas familias:

Este año hemos pensado por primera vez que, los que van a escribir la carta, vamos a ser nosotros. Aunque llevamos varios siglos haciendo realidad, en la medida de lo posible aquello que nos escribís, desde hace ya varias décadas los grandes almacenes y centros comerciales nos tienen agobiados. Tanto es así, que no solo la Navidad ha dejado de comenzar en el adviento, ahora el inicio lo marca El Corteinglés, incluso el cartero real, los pajes y los camellos han fichado por Amazon.

En primer lugar, queremos hacer alusión al abuso incondicional de pedir artilugios con pantalla, intentad evitarlo, por favor. La Navidad es un tiempo de reencuentro familiar y de pasar tiempo juntos, es para que interactuéis de forma interpersonal, y no a través de las redes sociales. Es más, ¿dónde han quedado los Christmas y las felicitaciones? Os limitáis a escribir o peor aún, a reenviar un WhatsApp felicitando la Navidad o el año nuevo con una mascota, con el tátara…tataranieto de Baltasar en paños menores o en la escarcha de una botella de litro de Cruzcampo, idea que se le habrá ocurrido a algún crack y la habéis terminando haciendo viral, en fin… y podríamos seguir con cualquier guiño a los distintos partidos político de esta vuestra nación España.

Por otro lado, os pedimos proponeros retos o metas alcanzables y asequibles en los distintos planos de vuestra vida, pero sobre todo en aquellos que impliquen agradar, amar y respetar a los demás. Se está perdiendo el ser educado, dar los buenos días, pedir permiso, disculpas, el por favor, el dar gracias, el hablar correctamente, el sonreír… lo mínimo para convivir y hacer un poquito más agradable la vida a los demás.

En cuanto a lo de dar gracias, nos parece interesante resaltarlo. Os pedimos que seáis agradecidos, porque parece que nunca estáis conformes con nada. Siempre os buscáis necesidades de cualquier índole. Sin embargo, sois pocos los que os paráis a dar gracias y a valorar aquello que tenéis. Porque lo más importante que una persona puede tener es alguien que le quiera y poder tener a alguien a quien querer. Se dan miles de oportunidades al cabo del día, fundamentalmente en la familia. No se trata únicamente en ser detallista, ni meloso, sino de ser comprensivo, ponerse en el lugar del otro sin juzgarle y perdonar siempre, por mucho que os hayan herido vuestro amor propio.

Maridos dad gracias por tener una esposa, os hacen ser mejores… os sacan de vuestra zona de confort. Esposas sed más comprensiva, vuestros maridos lo intentan, son más limitados que vosotras (monotarea) y quizás piensan mucho en ellos mismos. Tened en cuenta que han ganado mucho pero también perdieron mucho. Lo que pasan que creen haber perdido más de lo que han ganado, y se equivocan.

Por último, os pedimos que este tiempo de Navidad, así como esta carta, no solo sirva para haceros pensar, que también. Sino para que os acerquéis más al gran misterio del mundo, el hijo de Dios se hace niño para nacer en un establo, adecentado por San José y María, pero sin dejar de ser establo. Ellos nunca perdieron la esperanza porque amaron y porque amaron supieron sobreponerse a cualquier adversidad.

¡¡¡Feliz año nuevo!!!

Daniel Danta

MI HIJO NO ES UN CACHORRO, NI MI HIJA SERÁ UNA VÍCTIMA

“No es no y el sí expreso”. ¿Contrato verbal o una mejora en la educación afectiva-sexual?

Es admirable la capacidad creativa del autor del eslogan del “no es no y el sí expreso”. Pero más admirable es, aún, la ingenuidad de los que lo han repetido y repiten hasta la saciedad. Quizás piensan que repitiéndolo se convencen de que no volverá a pasar, de que reparan -en cierta medida- lo ocurrido y dan consuelo a las víctimas. Ojalá sea así.

Sin embargo, cada vez aparecen más casos de abusos sexuales en grupo. Por tanto, ¿creéis que su solución es cuestión de un eslogan políticamente correcto y oportunista, o más bien de un planteamiento educativo afectivo-sexual, de respeto y de uso de libertad, entre otros?

Hoy más que nunca existen grandes ofertas muy atractivas de hedonismo y frivolidad que tienen como principal canal de difusión la música, la televisión, la publicidad y las redes sociales, sobre todo, esta última. Si a esto le unimos una cultura donde todo vale y la libertad se usa como justificante -aun prescindiendo en muchas ocasiones de la responsabilidad a la que va ligada-, obtenemos un entorno afectivo-sexual prácticamente salvaje.

Una gran mayoría de nuestros jóvenes, cada vez más precoces, ven este tipo de ofertas como las respuestas de muchas de sus inquietudes a la hora de explorar este nuevo mundo que empiezan descubrir. Al no tener criterio ni confianza para hablar de este tipo de temas, bien porque hacen alusión a la intimidad, porque ya se encarga el gobierno de turno, o bien, parece que en algunos ambientes y círculos es casi tabú, estos jóvenes participan y experimentan del abanico de experiencias de todo tipo que deriva en la búsqueda por satisfacer sus necesidades de placer, ya sean consigo mismo o con otros.

Por desgracia este planteamiento tiene como fruto la cosificación de las relaciones amorosas, lo que otorga a las personas un sentido de utilidad, eliminado así cualquier vestigio de dignidad y respeto, ya que el amor queda reducido a mero placer. Finalmente, generan como resultado, personas inmaduras, egoístas, incapaces de amar y esclavas de sus propias pasiones.

Familia y escuela han de tomar las riendas en este coto todavía sin vallar, aunque delimitado por programas del gobierno que dejan mucho que desear. Como padres hemos de enseñar a amar, amando primeramente a nuestra mujer o a nuestro marido y formándonos e informándonos de estos temas con toda naturalidad y no ser ingenuos pensando que lo harán otros por nosotros. Hay cantidad de cursos de orientación familiar y escuelas de padres que facilitan este tipo de formación.

Los colegios deben de implantar un programa afectivo-sexual de modo transversal desde los primeros cursos de primaria, donde los padres recibirán paralelamente los contenidos de dicho programa. El mismo colegio complementará esta formación facilitando cursos de orientación familiar y escuelas de padres. Son estos recursos los que adaptan y dan respuesta, desde el ámbito antropológico, espiritual y pedagógico, a las inquietudes y preguntas sobre afectividad y sexualidad, que como padres nos van surgiendo a lo largo del crecimiento de nuestros hijos durante las distintas etapas de la infancia y de la adolescencia.

Hemos de ir por delante de nuestros hijos, estar atentos y sobre todo crear un clima de confianza y apertura para que se sientan cómodos a la hora de transmitirnos sus dudas e inquietudes, ya que en caso contrario lo harán con sus iguales o buscarán en la red sin ningún tipo de criterio.

No se trata de adoctrinar ni de encorsetar la sexualidad de nuestros hijos, sino más bien acompañarlos a crecer de manera integral. La esencia fundamental del programa debe ir en líneas de la antropología y la espiritualidad del hombre, evidentemente adaptado a la edad que corresponda. El ser humano es una unidad simbiótica de cuerpo y alma a pesar de que intenten sin descanso hacernos ver sólo lo tangible.

Por tanto, hemos de ceñirnos no sólo a lo biológico y psicológico, sino también a lo espiritual. Se ha de explicar la masculinidad y feminidad del hombre y la mujer, cómo esto los hace ser complementarios sin pasar por alto la igualdad en cuanto a su dignidad. Y no que están constantemente buscando la manera de eliminar la naturaleza del hombre. Muchos piden respeto por su abanico de posibilidades sexuales y se respeta, pero ¿por qué no lo hacen con los que no pensamos como ellos? Que cada uno busque y encuentre su manera de amar y ser feliz. No obstante, adelanto que dicha felicidad está en hacer feliz a los demás y haciendo un buen uso de la libertad personal, siempre alienada a un Bien con mayúscula que algunos llamamos Dios.

Daniel Danta

MISMAS PALABRAS, IDIOMAS DISTINTOS

El silencio es el mayor aliado para escuchar al otro; el corazón y la razón, los mejores altavoces. 

El paradigma de cualquier relación personal, independientemente de la índole o el grado de compromiso entre las partes, es conseguir una buena comunicación. Y parece que el éxito es inversamente proporcional al grado de intimidad compartida, cuando debería ser justamente todo lo contrario, es decir, cuanto más conocemos a una persona más fácil debería ser entenderse con ella.

Podríamos poner innumerables ejemplos que a todos nos ocurre diariamente en nuestra vida, bien con nuestra esposa o esposo, hijos, algún familiar, amigo, compañero de trabajo, vecino, etc. Por tanto, tener la capacidad de interactuar con los demás es importante, por no decir vital para desenvolvernos en nuestro día a día.

PAUTAS PARA EL EMISOR.

La creación de un entorno favorable, no del momento, porque nunca parece ser el mejor, pero sí es bueno fijarlo en el tiempo evitando el atraco a mano armada. Es fundamental, a veces, hacer una lectura u observación del estado exterior en el que se encuentra el otro, porque la acogida, a modo de respuesta, de nuestro mensaje está determinado por dicho estado. Es decir, puede que nuestras expectativas se vean mermadas o eliminadas por la respuesta inesperada del otro, dando pie al rechazo y la frustración.

El binomio dicotómico urgente-importante. Parte de esa respuesta que necesitamos obtener ante la preocupación que tengamos va en función del grado de tranquilidad que manifestemos a la hora de transmitir nuestro mensaje. Debemos saber que lo urgente es aquello que debe hacerse en el momento, puesto que no se podría llevar a cabo en otro; y lo importante puede esperar, es más, debe esperar más aún si cabe.

Una analogía interesante, continuando con este tema de la urgencia y/o la importancia, es la de tomar el rol de explosión descontrolada. Hay que tener en cuenta que cuando uno explota, lo que quedan son las cenizas y los escombros, por lo que su reconstrucción es más costosa y compleja. Debemos dirigir nuestra vida siendo previsores en nuestra convivencia con el otro, cuidando así el paraje natural de la comunicación.

Pedir, no exigir. Como la vida nos acelera, nos convertimos en personas autoritarias con licencias de exigir, de dar órdenes e incluso de poder quejarnos. Y es curioso porque, aunque no hemos incidido sobre lo que debe impregnar toda relación en mayor o menor medida, el amor tiene que estar presente siempre y más en el matrimonio. Por todo ello, hemos de ser pedigüeños y no dictadores. Si nos paramos a pensar un segundo en nuestra disponibilidad ante la adversidad del otro, es exponencial si éste nos pide ayuda y, al contrario, si nos la exige.

PAUTAS PARA EL MENSAJE.

Uso de palabras estáticas. Evitemos los atributos bueno, malo, mejor o peor…, como diría Rosenberg, son palabras estáticas, que anclan de manera juiciosa al pasado de la persona a la que van dirigidas.

La bondad o la maldad de una persona no deben quedar marcadas en un instante histórico concreto. El hombre es un ser perfectible desde que nace hasta que fallece. Por tanto, hemos de ver a los demás como procesos y no como momentos en el tiempo. Hay que brindar al otro la oportunidad de poder reconducir su vida de cambiar. Nuestro tiempo es lineal, un instante sucede a otro, por tanto, nuestro coexistir es una sucesión de momentos donde siempre nos queda una libertad de elegir nuestra respuesta o pregunta.

Sin embargo, existen un par de palabras que formuladas en la pregunta: “¿cómo estás?”, hacen que la persona a la que va dirigida se pare, desacelere y se haga un chequeo de su estado interior. En cierta medida es una forma de cuidar este entorno del que hablamos. Con esta pregunta brindamos la oportunidad de parar el tiempo para que haya un intercambio de intimidad propio de cualquier relación.

Tú, yo, nosotros. Esta correlación de pronombres personales entra en juego en toda conversación que se preste, porque cuando decimos tú… implica un yo y, por tanto, un nosotros, un lo nuestro. Este concepto hemos de somatizarlo siempre que queramos dirigirnos al otro, ya que nos sirve de temple a la hora de ordenar y utilizar las mejores y más prudentes palabras en nuestro mensaje. Es una forma de ser emisor y oyente al mismo tiempo y adelantarse a las posibilidades de acogida y respuesta que nuestro mensaje produce en el otro.

PAUTAS PARA EL OYENTE.

Oír (el sonido de fondo), escuchar (la radio mientras estoy en otra cosa) atender (la explicación que me interesará o no) y empatizar (te oigo, escucho, atiendo e intento sentir lo que sientes, para ponerme en tu lugar y ser capaz de entender y sentir tu inquietud como si fuera la mía, a modo de termómetro interno del otro, es muy difícil y requiere mucha práctica).

Los sentimientos marcan las necesidades. Éste es el motivo determinante que hace que la comunicación sea eficaz. En caso contrario será la razón de la que emanan el 90% de los conflictos en una relación. Los sentimientos (alegría, tristeza o rabia) son manifestaciones de las distintas necesidades de cada uno. En función de la capacidad de acoger al otro seremos capaces de satisfacer sus necesidades. La empatía es la herramienta facilitadora de ese acogimiento, incluso acompañamiento del otro. Se entiende como la habilidad de descalzarse de nuestros zapatos para ponerse los zapatos del otro.

No obstante, me gustaría resaltar, a modo de examen personal auditivo, los tipos de empatía según Goleman. En primer lugar, se encuentra la empatía cognitiva, que es aquella que hace que seamos capaces de imaginar por lo que está pasando la otra persona (emisor); en un segundo plano más elevado está la empatía emocional, por la cual no solo imaginamos lo que está pasando el otro, sino que además nos afecta; y por último, en la cima aparece la preocupación empática, donde como oyentes entendemos la necesidad del otro, nos afecta y nos anima a formar parte de la solución de dicha necesidad.

Escucha en blanco. Eliminar prejuicios abrazando la experiencia ajena para incluirla como propia y crecer juntos. Un matiz a tener en cuenta es que en la comunicación todo es importante, pero lo que más nos cuesta, escuchar, es sin lugar a dudas lo que marca la diferencia. No se trata de ser el oyente fiel, sino de ser capaz de escuchar con los 5 sentidos, con la cabeza y con el corazón, ¡empatizar! Antes de contestar conviene pensar ¿por qué ha elegido este momento y no otro para decirme lo que me tiene que decir, de la manera en que me lo está diciendo?

Finalmente, como diría el niño presidente, “hemos nacido para ser impresionantes”, no seamos escrupulosos con los errores, hay una gran herramienta llamada perdón que debe de ir acompañada de tiempo. En cierta medida, somos lo que proyectamos y los demás reflejan lo que somos en un mayor o menor grado. Hemos de evitar el desgaste cambiando el enfoque en la mejora del otro por mi propia mejora. No ver el conflicto como una batalla sino como una oportunidad de trabajo en equipo.

Daniel Danta

GENERACIÓN HERMÉTICA

Como padres, ¿actuamos correctamente cuando curioseamos el teléfono de nuestros hij@s adolescentes sin que ellos lo sepan?

Un Smartphone con megas en la actualidad no solo es la llave que abre la puerta de la información y la comunicación en el mundo, sino también la intimidad de las personas y sus relaciones con los demás. Este dispositivo móvil se ha vuelto tan indispensable en nuestras vidas que podríamos equipararlo a una barra de pan o al papel higiénico, todos ellos artículos de primera necesidad. Y en los adolescentes más, puesto que no tener uno puede llegar a ser discriminatorio, incluso objeto de burla y de aislamiento con sus iguales.

Uno de los planos de madurez de la adolescencia es el plano del pensamiento abstracto, de la introspección, en definitiva, ser consciente de poseer una intimidad propia. Sin embargo, hemos pasado de custodiar la intimidad de nuestro ser en nosotros mismos, a compartirla desde un dispositivo que se adhiere a nosotros a modo de complemento postizo, cuya vida útil es una batería de litio de 3000 mAh. Está tan somatizado que para muchos llega a ser la extensión de su mano.

Como consecuencia del anterior, otro de los planos de madurez es el referente al crecimiento social. El adolescente pasa del yo hacia adentro al yo hacia afuera, antepone interactuar con sus iguales lo más lejos de su familia como sea posible y así, cotejar su mundo interior perfilándolo en los distintos aspectos de su personalidad. Poder ser parte de un grupo ajeno a los lazos sanguíneos familiares y afianzar la identidad que tanto ansían es una máxima en el adolescente. El teléfono móvil ha pasado a ser para ellos y para mucho de nosotros la panacea comunicativa de nuestra capacidad socializadora, eso sí, reduciendo ese feedback expresivo-gestual tan necesario en el entendimiento pleno de una conversación, a meros caracteres, emoticonos e imágenes descontextualizadas.

Debido a este fenómeno de la comunidad adolescente, cada vez hay un mayor número de jóvenes adictos a las nuevas tecnologías de todo tipo y en sus múltiples formas. Muchos de ellos, se vuelven herméticos y aislados en su propia familia, evitan a toda costa cualquier conversación con sus progenitores. Por lo que empieza a ser desde hace tiempo una gran preocupación para madres y padres ver a sus hij@s inmersos en este nuevo mundo de las relaciones virtuales, llamadas redes sociales. Además, muchos de estos padres desconocen que el uso indebido de estas prácticas pueden llegar a ser una infracción y/o delito sin ni siquiera ser consciente de ello.

Por lo general, los padres facilitan este tipo de dispositivos cada vez más pronto. Concretamente, en la última etapa de la infancia, a veces como regalo de su primera comunión. Con esta acción parecen dar a entender, de manera inconsciente, que quieren acelerar el camino a la adolescencia porque: “todos sus amigos lo tienen, empieza a salir solo y es importante que pueda comunicarse con nosotros y nosotros con él…”.

Luego, esto da lugar a las siguientes controversias: “¿Cómo es posible que como padres nos resulte imposible comunicarnos con él, incluso por el teléfono móvil que nosotros mismos pagamos? Le dimos el teléfono para facilitar su interacción con sus amigos y compañeros, y resulta que ha sido objeto de bullying. Queremos que mejore sus calificaciones, pero está todo el día con el dichoso móvil, se lo hemos confiscado hasta que no  las mejore…”.

Y esto no queda aquí, ya que no es solo una herramienta de comunicación, sino de información; la cual, según el uso que le demos, puede ser un arma de doble filo. Desde una perspectiva positiva a golpe de click, es una ventana a un océano de información y conocimiento. Sin embargo, como en todo océano que se preste, existen peligros, riesgos y amenazas como el tiburón de la pornografía, los piratas del juego o la tormenta perfecta de la violencia, entre otros. Son mucho los casos de padres ajenos a todo esto hasta que el problema estalla, arrasando cualquier tipo de relación de confianza o lazo familiar paterno/materno-filial.

Por tanto, como somos sus padres y pagamos la línea móvil, ¿podemos y debemos  curiosear el móvil de nuestr@ hij@ con el fin de protegerl@, aunque sea sin su consentimiento?

Esta determinación, como primera solución al desconocimiento del mundo virtual de nuestros hijos, puede ser demasiado drástica, incluso violenta. Pero, sobre todo, es como si jugásemos a la ruleta rusa con la mayor o menor confianza que nuestros hijos pueden tener en nosotros como padres.

La intimidad es de quién la posee, es el “Narnia” de nuestro mundo interior, donde guardamos nuestros sueños e ilusiones, miedos y frustraciones, amores y rechazos… cuya puerta, la confianza, se abré desde dentro hacia afuera. Por tanto, ¿cómo es la confianza que tenemos con nuestros hijos? La confianza no es algo que se regale, se obtiene dentro de un paisaje de afecto, comunicación en blanco y comunicación no violenta.

En otras palabras, se debe generar con l@s hij@s desde la infancia un entorno de estabilidad emocional, el cual lo da, principalmente, el amor que se tienen los esposos; unas normas, reglas y pautas que faciliten y fomenten el respeto; que esté libre de prejuicios y falsas expectativas donde la autoridad o poder se usa en beneficio del otro para con uno mismo. Y todo esto empieza con una pregunta sencilla, ¿cómo estás?, acompañada de muestra de cariño y afecto a la par que de la exigencia pertinente, ambas necesarias para el crecimiento y madurez personal.

Si el clima familiar fuese así, o al menos se intentara luchar en lo referente a crear este entorno favorable de comunicación, la pregunta formulada inicialmente ni si quiera se haría. De algún modo, existiría esa comunicación que tantos padres anhelan y por ello, sin dejar de preocuparnos, puesto que son nuestr@s hij@s, el conflicto estaría resuelto. Sin embargo, esta situación idílica no utópica dista bastante de la realidad. Siendo esto una preocupación generalizada, lo primero que hemos de plantearnos como padres, es saber desde dónde arrancamos, es decir, ¿cómo es la relación con nuestr@ hij@?, ¿qué tiempo pasamos con él o ella?

Para concluir, algunas ideas o pinceladas a tener en cuenta:

  1. Si sospecho que algo no va bien en mi relación con mi hij@, intentemos recurrir a curiosear su móvil como último recurso, sabiendo que podemos perder mucho más que proteger.
  2. Asentar unas reglas o pautas en cuanto al tiempo del uso del móvil, de las que también formemos partes. Nada educa como el ejemplo.
  3. No desistir en buscar e intentar crear, una y otra vez, esos momentos positivos que favorezcan la apertura al otro de sus inquietudes y preocupaciones. Es importante poner en juego la inteligencia emocional.

Carmen Cáceres y Daniel Danta

¿LAS AMISTADES ADOLESCENTES SE DEFINEN EN LA INFANCIA?

¿Hasta qué punto nos preocupamos de las amistades de nuestro hijo adolescente si no hemos velado antes por nuestras amistades cuando nuestro hijo era pequeño?

Hoy en día hay una gran preocupación entre los padres por saber con quién salen sus hijos, quiénes son sus amigos y si estos son, o no, una buena influencia. Sin embargo, muchas veces resulta llamativo que se dé esta preocupación a posteriori, ya que como padres debemos preocuparnos siempre y a priori.

Cuando nuestros hijos son pequeños los rodeamos de nuestras amistades, los famosos “amigos de papá y de mamá”, con sus respectivos hijos y sus distintos puntos de vista sobre crianza. Habría que preguntarse, entonces, si es el mejor momento para ir velando por esas futuras amistades, entre otras cosas porque hablamos de edades (de 3 a 6 años o la primera etapa de la infancia) donde nuestros hijos absorben prácticamente todo aquello que les rodea y que les influye no siempre de forma decisiva pero en bastantes casos de manera significativa.

A veces, podemos encontrarnos con situaciones incómodas porque nos preguntan algo que les resulta contradictorio a lo que diariamente nosotros, como padres, les exigimos e incluso esto mismo nos puede ocurrir también dentro de la propia familia.

Si cada persona es singular, única e irrepetible, sus familias también lo son por lo que la comparación de unas familias con otras no tiene sentido, aunque podemos caer en esta idea como justificación a la hora de educar. Las formas serán distintas y adaptadas al temperamento y carácter de cada niño, sea o no de la misma familia. Lo que no debemos perder de vista es que los valores educativos son objetivos y es la manera de transmitirlos la que cambia según el miembro de la familia.

Cuando varias familias se unen para hacer cualquier plan o actividad es muy posible que surjan contradicciones. Los niños generalmente buscan satisfacer sus gustos a toda costa, ser protagonistas e imitan todo aquello que les resulta llamativo. Puesto que dos familias no funcionan igual, el comportamiento de los hijos será reflejo de la educación que reciban cada uno en su casa. De tal forma que, para bien o para mal, si el hijo de unos amigos es maleducado, en cierta forma influirá sobre el nuestro, puesto que en algún momento puede darnos algún disgusto.

No obstante, por mucho que eduquemos bien a nuestros hijos, en el proceso educativo se puede producir algún desliz, como una mala contestación, una palabrota esporádica o un comportamiento inadecuado. Y no hace falta que lo aprenda del hijo de unos amigos, puede adquirirlo también de los compañeros de clase, de algún familiar o de nosotros mismos.

A continuación, ofrecemos algunas pinceladas de los distintos tipos de estilos de crianza a la hora de educar a un niño, donde intervienen dos dimensiones: el afecto y la exigencia. Según combinemos ambas, en mayor o menor medida, estaremos educando de una u otra forma. Principalmente, existen tres:

  • Estilo permisivo. Esta manera de educar se caracteriza fundamentalmente por complacer los apetitos del niño. Los padres suelen ser bastante consentidores, premian siempre las acciones de sus hijos sin importar sus actos. Evitan en todo momento corregir sus errores, asumiendo todas o la gran mayoría de sus obligaciones. Ellos piensan que no tiene importancia, que ya lo harán cuando sean mayores y, a veces, les resulta hasta divertido. Creen que así lo quieren más, evitándole cualquier tipo de esfuerzo, contrariedad o decepción.
  • Estilo autoritario. A diferencia del estilo anterior, éste es justamente todo lo contrario. Los padres están constantemente corrigiendo al niño mediante prohibiciones unidas, en ocasiones, al castigo físico o emocional hasta el punto de generarle inseguridad y miedo al fracaso. El afecto pasa a un segundo plano, se prioriza la norma y las obligaciones por encima de todo.
  • Estilo democrático. Es la forma más acertada para ayudar a crecer de manera integral a una persona. Los progenitores combinan afecto y exigencia con equilibrio. Intentan buscar en todo momento la complicidad del niño mediante el afecto, dedicándole siempre el tiempo necesario acompañado de paciencia infinita. Exigen e incentivan a la vez que apoyan y valoran el esfuerzo que su hijo hace por mejorar, reforzando de manera positiva su comportamiento. En ningún momento se doblegan ante las exigencias de su hijo y tampoco lo ignoran, sino que determinan qué es mejor para él según su temperamento y lo llevan a cabo.

Dicho esto, por citar un ejemplo, si nuestro hijo sabe que no hay que levantarse de la mesa mientras se está comiendo, pero ve que el hijo de un amigo sí lo hace para irse a jugar, él querrá hacer lo mismo como niño que es, a no ser que nosotros le corrijamos esa conducta en ese instante. No olvidemos que, en la calle, con o sin amigos y en las diversas situaciones en las que nos encontremos, hay que seguir queriendo, exigiendo y corrigiendo a nuestro hijo.

A veces, no es tanto un comportamiento puntual, como abarcar preguntas o dudas que nuestros hijos nos pueden plantear de una situación próxima o cercana distinta a lo que habitualmente les es más cotidiano. Por ejemplo, desde el cambio de pareja del tío o la tía que no están casados, hasta la separación, el divorcio o la tendencia sexual, bien sea de un familiar o de los padres de algún amigo del colegio.

¿Y qué pasa entonces si, como padres, las pautas educativas y formativas que tomamos con nuestro hijo difieren de las que un familiar o un amigo toma con el suyo o si su estilo educativo carece de equilibrio en lo referente a afecto y exigencia? Está claro que debemos ser coherentes en todo momento con nuestro planteamiento educativo, de lo contrario confundiremos a nuestro hijo. Hemos de ir a contracorriente de los demás si es necesario, así como ayudar en la medida de lo posible a nuestros familiares y amigos con el ejemplo, la prudencia y el cariño, propios de la confianza y amistad.

Por ello, vemos que no solo nuestros amigos, sino las familias de sus compañeros de clase o incluso nuestra propia familia pueden influir en la percepción que tienen nuestros hijos de la realidad que les ha tocado vivir. ¿Pero está bien dicho “que les ha tocado vivir” o habría que decir “que hemos permitido que vivan”?

La cuestión no es otra que la de reflexionar acerca de los criterios que queremos inculcar a nuestros hijos, sin perder de vista los valores objetivos intrínsecos a la propia naturaleza de la persona como pueden ser el respeto, la honestidad, la empatía, la gratitud, la humildad, la prudencia, la responsabilidad, entre otros.

Cuidar y proteger son dos verbos que, como padres, debemos anteponer al de evitar y al de prohibir, sobre todo ante situaciones incómodas que resulten contrarias a conseguir ese equilibrio entre afecto y exigencia. Sin embargo, se puede dar el caso que no nos quede más remedio que emplear dichos verbos, pero sopesando pros y contras en favor de lo más importante, la integridad y dignidad de nuestros hijos como personas que son.

Carmen Cáceres y Daniel Danta