¿Vives o sobrevives?

Si te sientes que no llegas, estás agobiado con mil historias y crees dejar a un lado lo importante, igual te ayuda.

En muchas ocasiones tengo la sensación de ir corriendo a todas partes como si estuviera en un concurso en el que tengo que pasar un sin fin de pruebas en tiempo récord. Suena el despertador en plan “preparados, listos… ¡ya!”. Te levantas de la cama con toda la pereza del mundo y empiezas a correr.

Si te sientes así, párate porque igual estás sobreviviendo. El sobrevivir no es malo, pero cansa, empieza a invadirte el desánimo, la desgana y cualquier contrariedad o cosa que te pidan… resoplas, o pones mala cara, o contestas mal. Vas tan acelerado con las cosas de la vida que acabas dejándote llevar por ellas mismas, como si estuvieras atrapado por la corriente de un río. Pasado un tiempo llegas a acostumbrarte, hasta lo aceptas, incluso lo haces un derecho o piensas que eres una especie de superhéroe capaz de llegar a todo.

No te engañes, realmente sustituyes constantemente lo importante por lo urgente. A base de apagar fuegos en modo bombero 24 horas, llegará el momento en el que el fuego se descontrole, estés agotado, te bloquees y termines asfixiado por tu propio humo o quemado por tu propias llamas. Para ello es necesario que te pares y que distingas entre lo urgente y lo importante.

Lo urgente es algo que si no lo haces en ese momento ya no lo puedes hacer luego o quizás sí. Lo importante puede esperar, a veces incluso debe esperar más aún si cabe, pero no lo debes olvidar y menos sustituir, porque son los troncos que te mantienen a flote, es lo que da sentido a tu vida, te hace ser quien eres.

Sin embargo, vivir requiere de orden, se necesita disciplina y un gran esfuerzo para no conformarte con estados temporales de falso bienestar. Debes luchar por sobreponerte a esa pereza que a todos nos entra a la hora de tener que hacer aquello que no nos viene en gana, que no nos apetece, que nos incomoda o simplemente nos interrumpe en el mejor momento. Ante estas situaciones recomiendo pensar que tienes la oportunidad de mejorar personal saliendo de tu zona de confort. Dicha oportunidad puede repercutir en ti o en los demás facilitándoles la vida un poco más y eso también es vivir.

Tomar la iniciativa y enfrentarte a nuevos retos, es la mejor manera de nadar a contracorriente, al menos demostrarás que vives, que luchas, que tienes ilusiones, proyectos y eres tu quien toma las riendas de tu vida y no las cosas que te rodean. No se trata de ir en busca del arca perdida, ni de dar la vuelta al mundo en ochenta días o de subir al Everest a pleno pulmón, es dar lo mejor de ti en cada momento. No por el qué dirán los demás, si no porque te hará ser quien eres, ten en cuenta que son nuestros actos quién nos definen.

Tanto vivir como sobrevivir, son las dos caras de la misma moneda, tu vida. Y ambas formas de ser son contagiosas a los demás. Es cuestión de saber cómo formar parte de los que te rodean. Si has decidido vivir tu vida sería interesante pensar sobre algunas cuestiones:

  • ¿Pongo límites e impedimentos por miedo a fallarme a mi mismo o para no decepcionar a los demás? No te auto sabotees, si alguien lo ha hecho, tu también puedes hacerlo, que el esfuerzo, la voluntad y la paciencia no sean un problema.
  • Ante un conflicto con otra persona, ¿tomo la iniciativa para ponerme en su lugar, en vez de buscar la forma de llevar la razón?
  • ¿Me comprometo hasta el final o mi compromiso dura lo que dura la emoción del momento?
  • ¿Pienso antes de terminar mi día, qué cosas he hecho bien, regular y muy mejorable?
  • ¿Apunto aquello que hice regular o muy mejorable e intento enmendarlo, pidiendo perdón e intentando no volver a repetirlo?
  • ¿Sonrío?, ya luego buscaré el motivo.
  • ¿Antepongo mi comodidad para facilitar la vida un poco más a los demás?

 

Daniel Danta

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¿QUIERES SER UN POCO MÁS FELIZ?

«Porque la felicidad está en el mismo sitio en el que dejaste las llaves de casa, allí».

No conozco a nadie que no quiera ser feliz y para ello, debemos tener claro que hemos de querer a alguien y ser queridos por alguien, sino es imposible. Si eres cristiano es fácil si uno se sabe hijo de Dios, si no es algo más complicado, pero no imposible.

Saber querer y dejarse querer es indispensable para ser feliz. Sin embargo, llega a ser difícil y a veces imposible si el querer, lo entiendes como una forma de intercambiar sentimientos para satisfacer tus placeres y apetitos, y no como actos, de voluntad y entendimiento, libres. Esto es el amor.

Por tanto, ¿qué es querer? Me atrevería a decir que es la manera que el ser humano tiene de interactuar con sus iguales, y lo hace a través de su sexualidad (feminidad en caso de ser mujer y masculinidad en caso de ser hombre). La sexualidad entrelaza los distintos planos biológicos, psicológicos y trascendentales a la hora de exteriorizar y acoger los sentimientos acompañados o no, de razón y voluntad de la persona que ama y se dejar amar.

Esas interacciones con lo demás, es lo que llamamos relaciones. Víctor Küpper dice en alguno de sus vídeos que “no existen cosas importantes, si no relaciones importantes”, pero en mi humilde opinión en el siguiente orden: Dios, los demás y yo. No obstante, los hombres tendemos al desorden y es por eso por lo que partimos con la gran dificultad de querernos más a nosotros mismos antes que a los demás y por último a Dios.

Para evitar dicho desorden necesitamos una virtud, la “Pureza o Castidad” poco aceptada hoy y vista como algo anticuado y obsoleto, que no tiene cabida en esta sociedad en la que prioriza por encima de todo el culto al cuerpo. La pureza regula nuestra manera de amar a los demás, ya que solo así aprendemos a amarnos a nosotros mismos. Evita dejarnos llevar por nuestros apetitos y sentimientos más bajos, menos humanos, que alimentan el YO haciéndonos más egoístas, sintiéndonos más tristes y más solos.

“La castidad -no simple continencia, sino afirmación decidida de una voluntad enamorada- es una virtud que mantiene la juventud del amor en cualquier estado de vida. Existe una castidad de los que sienten que se despierta en ellos el desarrollo de la pubertad, una castidad de los que se preparan para casarse, una castidad de los que Dios llama al celibato, una castidad de los que han sido escogidos por Dios para vivir en el matrimonio”. (Amigos De Dios, San Josemaría).

Somos criaturas creadas por Dios, si Dios es amor (Papa Benedicto XVI) y Nuestro Padre por medio de Cristo, el hombre necesita del amor para ser feliz, es nuestra necesidad más grande y eso nos da esperanza. Al final de la vida no nos preguntarán cuánto hemos metido la pata sino cuánto hemos amado. Pavese (poeta italiano): “Si nadie me ha prometido nada, por qué mi corazón no sabe dejar de esperar”. Tener la dicha de amar a alguien antes que a nosotros mismos nos da esperanza, ilusión y motivación en esta vida. Lo que se hace por amor, compromete.

¿Y dónde aprendemos a amar y enseñamos a amar? En la familia, que es el único entorno social en el que una persona crece de manera íntegra y plena si el amor predomina entre las relaciones interpersonales de los miembros que la componen. En muchas ocasiones pensamos que con estar presente es suficiente, pero lo que hay que estar es pendiente además de presente. Comparto una frase que leí no sé dónde pero que me sirvió para profundizar en la esencia de lo que la familia nos aporta a cada uno de nosotros como personas y dice así: “llevo conmigo el ejemplo de mi padre, el amor de mi madre y la compañía de mis hermanos”.

A continuación, algunas ideas para encontrar las llaves:

  1. “Quiéreme cuando menos lo merezca porque será cuando más lo necesites”. Dr. Jekyll.
  2. Mira lo que dices, a quién lo dices, por qué lo dices y cómo lo dices. El que habla demasiado solo repite lo que sabe, pero si escuchas igual aprendes algo.
  3. Llevar razón o ser feliz. Ambas cosas a la vez son complicadas e intentarlo no me merece la pena porque se suele perder más de lo que se gana.
  4. Cuidar los pequeños detalles son esas cosas que pasan desapercibidas, salvo para los que están enamorados.
  5. Quien ama comprende, sabe perdonar. Seguramente hayas fallado alguna vez a la gente que te quiere incluso a ti mismo, no es descabellado entender que te decepcionen.

 

Daniel Danta